top of page

Para los universitarios y jóvenes profesionales, tenemos reuniones cada lunes y viernes por Zoom a las 9 de la noche. Estás invitado a conectarte con nosotros. ¡Te esperamos allí!


Una de las peores cosas que puede hacer es enseñar verdades que usted no está aplicando. Llamamos a esto hipocresía y es la crítica más común a los Cristianos en Norte América. Podría argumentar usted que es mejor no enseñar en lo absoluto que enseñar la verdad sin aplicarla a su propia vida. Jesús les dio algunas severas advertencias a los líderes religiosos que estaban haciendo esa misma cosa. Él dijo:


"Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos." (Mateo 23:3–5)

La hipocresía ha dañado a muchos, así que vayamos lejos de esto.


Santiago también dio una fuerte advertencia en contra de este tipo de pensamiento. Él dijo que si escuchamos la Palabra de Dios, pero no hacemos lo que dice, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos (Santiago 1:22–25). Él prosiguió en decir que la religión sin acciones prácticas es sin valor (vv. 26–27). Seamos realistas: un maestro que se auto-engaña, que practica una religión vacía probablemente no sea el mejor candidato para ser un discipulador.


Quizás la explicación más clara por ejemplo, puede ser encontrada en el libro de Hebreos: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” (Hebreos 13:7). El autor de Hebreos nos está llamando a considerar—literalmente “a examinar cuidadosamente”—los resultados del estilo de vida de un maestro. Podemos estar tan atrapados en examinar las posiciones doctrinales de una persona que pasamos por alto su patrón de vida. Pero esto es esencial porque Hebreos nos llama a imitar la fe de estas personas. Si usted ha de hacer discípulos, necesita poner su fe en práctica para que el pueblo en derredor suyo pueda imitar su fe.


Por causa de esto, ser un hacedor de discípulos demanda su vida. El detalle de trabajo de un hacedor de discípulos es el mismo que de un discípulo de Jesucristo. Requiere todo. Significa seguir a Jesús en cada aspecto de su vida, seguirle con una devoción en integridad de corazón. Si usted no está listo para poner su vida por la causa de Cristo, entonces no está listo para hacer discípulos. Así de simple.


Ello no significa que usted necesita ser perfecto antes de empezar. La perfección es un proceso de toda la vida que no terminará sino hasta la eternidad (vea Filipenses 1:6 y 3:12–14). Pero no significa que usted necesite “considerar el costo” (ver Lucas 14:25–33) y permitir la verdad de Dios cambiar su vida. Hacer discípulos consiste en ver personas transformadas por el poder de la Palabra de Dios. Si usted quiere ver lo que les acontece a otros, usted mismo necesita estar experimentando dicha transformación.


¿Podría decir que su vida está siendo transformada por la verdad de la Palabra de Dios? ¿Por qué si o por qué no?


¿Qué cambios necesita hacer para vivir las verdades que usted estará enseñando a otras personas?


*Adaptado del libro Multiplícate escrito por Francis Chan

 
 
 
  • Writer: RUE Leader
    RUE Leader
  • May 19, 2020
  • 3 min read

Pablo añadió un desafío desde un ángulo diferente. En los más hermosos términos, él dijo que ganar conocimiento y poder—aún sacrificando nuestros propios cuerpos—es sin valor en lo absoluto si no tenemos amor:

"Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve." (1 Corintios 13:1–3)


El resultado de un ministerio sin amor es serio: “Soy como un metal que resuena, címbalo que retiñe…nada soy…de nada me sirve.” En otras palabras, aún las acciones de amor más dignas de admiración y las acciones sacrificiales son sin valor si no están potenciadas por el amor.

¿Es usted el tipo de persona que enseñaría a alguien sin amarle? No responda rápidamente. Muchos buenos pastores han confesado que han estado tan atrapados en las ocupaciones del ministerio que estaban activos, en movimiento, pero sin amor por su gente. La mayoría de nosotros tenemos que trabajar duro para mantener el amor en la vanguardia.


¿Qué piensa y siente cuando está en un grupo de personas? ¿Está demasiado consciente de los que son ricos, atractivos y tienen algo que pueden ofrecerle?, ¿se preocupa por lo que la gente piense de usted? o ¿Busca formas de amar y oportunidades de dar? Un signo seguro de un corazón no afectuoso es ver a las personas como un medio para lograr sus propios objetivos—ellos le escuchan, afirman cuando usted lo quiere, se hacen a un lado del camino cuando usted no, etc. Enseñar a otras personas con este tipo de mentalidad es un límite para ser estéril y sin fruto. De acuerdo con Pablo, cada vez que tratamos de enseñar a alguien con esta mentalidad, podemos estar seguros de que nos hemos vuelto nada más que un gong que resuena o un címbalo que retiñe; nos hemos hecho a nosotros mismos fastidiosos e irrelevantes.


Cumplir con el mandamiento de Jesús de hacer discípulos consta de más que tener la teología correcta o puntos de enseñanza bien desarrollados. Recuerde que si usted “comprendiese todos los misterios y todo el conocimiento”y con otodo no tiene amor, no es nada. En la primer parte de ésta carta, Pablo dijo “Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.” (1 Corintios 8:2–3). No se trata de lo que usted conozca—o lo que piense usted que sabe—se trata del amor.


Si usted no está deseando hacer su más alta prioridad, el amor a Dios y a la gente, entonces deténgase. En serio, vaya por ahí hasta que resuelva este punto esencial. La falta de amor es una marca inconfundible de muerte: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 John 3:14).


Hacer discípulos no se trata de juntar alumnos a escuchar su enseñanza. El verdadero foco no está en enseñar a las personas, en lo absoluto—el foco está en amarles. El llamado de Jesús a hacer discípulos incluye enseñar a las personas a ser seguidores obedientes de Jesús, pero la enseñanza no es la meta final. Al final, de lo que se trata es de ser fiel al llamado de Dios de amar a las personas alrededor suyo. Se trata de amar a las personas lo suficiente como para ayudarles a ver su necesidad de amar y obedecer a Dios. Se trata de traerles al Salvador y permitirle que las libere del poder del pecado y la muerte, que les transforme en amorosos seguidores de Jesucristo. De lo que trata es acerca de glorificar a Dios mediante hacer discípulos obedientemente, que enseñarán a otros a amar y a obedecer a Dios.


Así que la pregunta es, ¿cuánto se preocupa usted de las personas a su alrededor? Cuando usted se para en medio de una multitud, interactúa con su familia, o habla a las personas en su iglesia, ¿les ama y anhela verles glorificando a Dios en cada aspecto de sus vidas? Honestamente evalúe su corazón y pídale a Dios purificar sus motivos que necesitan volverse hábitos en su vida.


A este punto, ¿podría decir usted que su deseo de hacer discípulos ha estado motivado por el amor? ¿Por qué sí o por qué no?


*Adaptado del libro Multiplícate escrito por Francis Chan

 
 
 

©2020 by RUE - Red Universitaria de Ecuador. Proudly created with Wix.com

bottom of page